Editorial de Blasina y Asociados

El optimismo en relación al agro es una posición casi incorrecta. La suba de costos y la ausencia de señales de aliento es lo que percibe la enorme mayoría de los productores y hay sobradas razones para ello.

Pero a la hora de tomar decisiones, tal vez es necesario dejar de lado los juicios de valor sobre Ancap, Alur, Alas U, el déficit fiscal, el estado de la educación y tantas otras cosas que malhumoran y observar lo que puede ser un momento especial e importante para la ganadería uruguaya.

La apertura del mercado de Egipto para la exportación en pie, la próxima apertura de Japón para la carne, la sucesión de tropiezos de Brasil, la posible salida de India, un invierno amigable, entre 200 y 300 mil terneros más en camino respecto al año pasado, derivados de una preñez de 77,8%, una poszafra que pinta muy bien porque ya han salido muchos más novillos y vacas que el año pasado y el precio de exportación más alto del año obtenido la semana pasada, tal vez como síntoma de que los compradores no quieren carne brasileña y están dispuestos a pagar más por la uruguaya suman indicadores que deberían ser tomados en cuenta.

Tal vez a la diferenciación de producto a la que Uruguay ha apostado, tal vez la seriedad de las empresas y los servicios veterinarios, tal vez la lógica de producto trazado y reconocido está empezando a dar unos frutos más consistentes que en el pasado. Aunque más no sea por los errores de Brasil.

Se viene una buena poszafra, se viene un entore sobre el cual apostar. Serán cerca de 2,8 millones de terneros los de la próxiima parición y habrá para Turquía, para Egipto, para invernadores y para corrales. Y si el invierno sigue generoso, la producción de terneros puede volver a crecer en la primavera de 2018 y el destete de 2019. Pero sobretodo puede que apostar a crecer esté volviendo a valer la pena.